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domingo, 7 de mayo de 2017

El Cubismo de Georgy Kurasov


Ver las pinturas de Georgy Kurasov es definitivamente una invitación a crear, en su dibujo crea juegos con las líneas acercándose a alguna forma de cubismo, su color es vivaz, impactante e imponente, así como sus propuestas fisionómicas. Kurasov recuerda haberse iniciado en el arte haciendo modelado en plastilina, luego recibió clases de pintura y escultura y casi que desde ese momento, a sus trece años, inició su recorrido por el mundo de la creación artística, recorrido que no se interrumpió ni siquiera cuando fue enlistado para el ejercito, pues contó con la suerte de ser nombrado pintor de la corte del general a cargo. 

Pero fue solo hasta la caída de la Unión Soviética que su trabajo pudo ser visto en otros sitios diferentes a su país, así fue como expuso en diversos espacios en Estados Unidos, en donde además ha vendido buena parte de su obra.

El cubismo es una escuela y teoría estética de las artes plásticas y el diseño. Se caracteriza por la utilización de las formas geométricas, como los cubos, los triángulos y los rectángulos. El movimiento nació en Francia y tuvo su apogeo entre 1907 y 1914. El término cubismo proviene del vocablo francés cubisme, que fue propuesto por el crítico Louis Vauxcelles.

A la edad de doce años ingresó en la prestigiosa Escuela de Arte de San Petersburgo para niños superdotados, una filial de la Academia Rusa de Bellas Artes. Anecdótico resulta que cuando su madre, con 13 años lo lleva a la Academia de las Artes, le comunicaron que tenía una falta total del sentido del color por lo que le sugería unirse al departamento de escultura en vez de al de pintura.

El artista recuerda haberse iniciado en el arte haciendo algo de modelado en plastilina, luego recibió clases de pintura y escultura, también sobre anatomía humana y casi que desde ese momento inició su recorrido por el mundo de la creación artística, recorrido que no se interrumpió ni siquiera cuando fue alistado en el ejercito ya que contó con la suerte de ser nombrado pintor de la corte del general a cargo.







jueves, 20 de abril de 2017

Benito Quinquela Martín

Con un estilo naturalista, la temática de su obra giró, sobre todo, en torno a los barcos y las labores portuarias en general. Se le consideró el pintor del riachuelo por su tratamiento de los temas portuarios.
Abandonado a poco de nacer, permaneció en un orfanato hasta que, a los seis años, el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina decidió adoptarlo. Empezó su formación en una escuela de enseñanza en la que únicamente permaneció dos cursos ya que, con tan sólo nueve años, tuvo que empezar a trabajar en la carbonería paterna.
Posteriormente, y hasta que cumplió los quince, fue obrero portuario de La Boca; su trabajo consistía en trepar a los barcos para llenar las bolsas vacías de carbón y cargarlas en los carros. Esta actividad la completaba con la participación activa en la política de La Boca. Pegaba carteles y repartía pasquines a favor del doctor Alfredo Palacios.
En 1907 ingresó en una modesta academia de dibujo de su barrio para estudiar pintura con Alfredo Lazzari. Desde entonces se dedicó a la pintura. Conoció a Juan de Dios Filiberto, un estudiante de música con quien mantuvo una estrecha amistad. También conoció al, por entonces, director de la Academia de Bellas Artes, Pío Collivadino, que le ayudó a iniciarse en el dibujo de retratos y a incorporar el color a sus obras.
Puente de La Boca. 1946
En 1918 decidió cambiar su nombre (Benito Juan Martín) por el de Benito Quinquela Martín, eliminando el nombre de Juan y adaptando el apellido de su padre adoptivo a la pronunciación italiana. Con su nuevo nombre, el 4 de noviembre, exhibió sus pinturas en la Primera Exposición Individual de la Galería Witcomb. La muestra fue un éxito y los críticos hablaron de la aparición de un original pintor, con técnica, estilo y mensaje propios.
A partir de este momento empezaron sus recorridos por el mundo. En 1921 realizó su primera exposición internacional en Río de Janeiro. Su primer viaje a Europa lo realizó dos años más tarde, concretamente a Madrid. En 1925 llegó a París, dos años más tarde a Nueva York y en 1929 a Italia, donde Mussolini lo nombró su pintor predilecto "porque sabe retratar el trabajo". Todos estos viajes lo separaban de sus padres; de ahí que rechazara una invitación a Japón para quedarse junto a ellos en el barrio argentino de La Boca.
Muy querido en el barrio, actuó como un protector de las artes y fundó el Café Tortoni para que los artistas pudieran difundir sus obras. En 1933 compró varios terrenos que donó al Estado para que construyera instituciones dedicadas a la expansión del arte y obras sociales. En uno de estos terrenos construyeron la Escuela Museo Pedro de Mendoza, hoy Museo de Bellas Artes de La Boca, que una vez construida fue decorada por él. Entre sus mejores obras destacan Tormenta en el Astillero (Museo de Luxemburgo), Puente de La Boca (Palacio Saint James, Londres) y Crepúsculo en el astillero (Museo de Bellas Artes de La Boca)
El Puerto y el Trabajo. Paisaje del puerto boquense, se presenta como escenario de esfuerzo y progreso. En ellas, la ardua labor cotidiana de los hombres es representada por las figuras-signos de los estibadores que reflejan el trabajo en el puerto.
El fuego. Explora las llamas constituidas en potentes centros de luz, que son a la vez origen de reuniones, trabajo o tragedias cotidianas.
Cementerios de Barcos. Explora metafóricamente la relación entre los ciclos de la vida humana y el uso útil de las naves. Denota cómo se nace, vive y trabaja para luego abandonar el plano físico de la existencia y dar lugar a nuevos procesos vitales.