Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de agosto de 2017

Somos polvo de estrellas



"Mis padres me enseñaron que a pesar de que se trata de una condición efímera, estar vivo es algo profundamente bello por lo cual cada uno de nosotros debe sentirse muy agradecido. Si viviéramos para siempre, no sería tan maravilloso".Sasha Sagan

Una tarde de invierno, Sasha de apenas 6 años se acercó a Carl y, fiel a la curiosidad innata de nuestra especie de ir tras la respuesta a cualquier interrogante, especialmente durante la infancia, le preguntó sobre sus padres. Ella conocía a sus abuelos maternos y convivía regularmente con ellos, pero nunca experimentó algo parecido desde el lado paterno.

–"Papá, ¿Por qué no conozco a tus papás como a mis otros abuelos?"

Para la hija menor de un hombre dedicado a divulgar el conocimiento científico, no existía nadie mejor que papá para explicarle porqué llovía, porqué debía ir a la escuela o cómo se formaba un arco iris. Todas las preguntas que alimentan las ansias de cualquier niño en su descubrimiento del mundo, eran respondidas por él con amor y la misma fascinación por la naturaleza que su padre plasmó durante toda su vida.

Ante la interrogante repentina de Sasha, Sagan (que solía tomarse un par de segundos para pensar las respuestas más convenientes y ajustarlas a la comprensión infantil de su hija) miró a la pequeña y respondió con un tono de melancolía:

–"Porque murieron"

Sin comprender del todo, Sasha frunció las cejas en señal de confusión y soltó un escueto "¿por qué?". Su padre la miró con ternura, pero con el convencimiento de que ella sería capaz de entender a lo que se refería y le explicó cuán peligroso podía ser creer cosas sólo porque queramos que sean verdad. "Es muy fácil ser engañado si no te cuestionas a ti mismo y a otros, especialmente a las personas con una posición de autoridad", continuó. "Todo lo que es real puede resistir a cualquier prueba".

La joven Sasha experimentó algo parecido a su primer acercamiento a una crisis existencial. El desconcierto de su hija ante tal revelación llevó a Sagan y Druyan a acercarse de nuevo donde Sasha y el astrónomo inició:

"Tú estás viva en este segundo. Eso es algo increíble", le dijo. La pequeña se mantuvo escéptica y su padre continuó:

"Si tenemos en cuenta el número casi infinito de posibilidades y caminos que conducen a nacer a una sola persona, debes estar agradecida de ser tú misma este preciso instante. Piensa en el enorme número de posibles universos alternativos en los que, por ejemplo, tus tatara-tatara-abuelos nunca se encontraron y tú nunca llegaste a existir. Tienes el placer de vivir en un planeta en el que has evolucionado para respirar el aire, beber el agua y adorar el calor de la estrella más cercana. Estás conectada con todas las generaciones y los seres vivos de este mundo a través del ADN. También con el universo, porque cada célula de tu cuerpo fue creada en los corazones de las estrellas".

A lo largo de su vida, Sasha Sagan había escuchado más de una decena de veces la frase "somos polvo de estrellas", pero nunca logró siquiera imaginar su significado. Sabía que la autoría pertenecía a su padre, la había visto subrayada en cuadernos y hojas sueltas, pero nunca antes comprendido la magnitud de tal declaración, hasta entonces.

Pocos años después, cuando Sasha tenía 14 años y comenzaba a descubrir la grandeza del pensamiento de su papá a través de su visión del mundo y lo que aprendía en la escuela, Sagan dejó este mundo sin ninguna promesa religiosa de por medio.

Los restos mortales de Sagan fueron enviados a su natal Nueva York, mientras el calcio de sus huesos, el nitrógeno de sus proteínas en forma de aire, el hierro de su sangre y el hidrógeno, que combinado forma el compuesto más abundante en el cuerpo humano, y al mismo tiempo, es el combustible gracias al que brillan cada una de las estrellas que percibimos en una noche despejada, seguirán su curso en la vastedad del tiempo y la inmensidad del espacio.

Sólo para hacernos recordar que, en palabras de Sagan:
“Somos polvo de estrellas”.

lunes, 31 de julio de 2017

La Pachamama


Dicen los indios: ¿Que tiene dueño la tierra? ¿Cómo así? ¿Cómo se ha de vender? ¿Cómo se ha de comprar? Si ella no nos pertenece, pues. Nosotros somos de ella. Sus hijos somos. Así siempre, siempre. Tierra viva. Como cría a los gusanos, así nos cría. Tiene huesos y sangre. Leche tiene, y nos da de mamar. Pelo tiene, pasto, paja, árboles. Ella sabe parir papas. Hace nacer casas. Gente hace nacer. Ella nos cuida y nosotros la cuidamos. Ella bebe chicha, acepta nuestro convite. Hijos suyos somos. ¿Cómo se ha de vender? ¿Cómo se ha de comprar?
Eduardo Galeano – Memorias del fuego.



La tierra es la fuente de sustento de toda la humanidad. En la tierra se realiza y dignifica el trabajo de los hombres y de las mujeres. De la tierra obtenemos los alimentos para vivir. Para los quebradeños y quebradeñas la Pachamama es algo sagrado. Es por eso que la nombramos diciendo: «Pachamama Santa Tierra». Al igual que sus hijos, come, bebe, respira y descansa: es una madre llena de vida, pero para recibir su protección debemos protegerla y para recibir un buen alimento debemos alimentarla. La tierra es Pachamama en toda la región andina, y en la mayoría de los pueblos indígenas de América es venerada como Madre Naturaleza.

Desde muy pequeños hemos aprendido de nuestros abuelos que la Pachamama es nuestra madre y todos los seres humanos somos sus hijos. A medida que crecemos reafirmamos y transmitimos este sentimiento: como hijos tenemos que cuidar a nuestra madre y como hermanos debemos cuidarnos entre nosotros por el bien de la humanidad entera.

También aprendimos que la Pachamama es nuestra casa y que en este hogar convivimos seres humanos, animales y plantas. Todos los seres vivos estamos íntimamente relacionados con el aire, el agua, el suelo y los vientos, es decir con todas las fuerzas de la naturaleza que componen el medio ambiente.

“La Pacha nos cría y la Pacha nos come”, “así como cuida, castiga; nos mantiene sanos o nos conduce a la enfermedad”. “No se ignora que la Madre Tierra niega sus cosechas a los hijos ingratos y los castiga, pero ¿quién podrá olvidar a la Pachamama? ¿Quién podrá mezquinarle nada?” El primer trago siempre es para ella: “vamos a chayar”, “vamos a pagar a la Pacha”, decimos.

La chayada
Changuito con su caja recita 'Siga la huella, huellando siga la chaya, chayando, hagamos la cacharpaya que no se vaya llorando'

El acto de chayar es una ceremonia sencilla y humilde a través de la cual se agradece a la Pachamama. Nuestros abuelos nos enseñan que mientras dure nuestra existencia siempre estamos en deuda con la madre naturaleza, y que muchos logros obtenidos en la vida (en lo económico, en lo familiar, en los estudios, etc.) se los debemos a ella.

El hombre puede lograr su bienestar en la medida en que se desarrolla en comunidad respetando a las personas mayores, a los animales y a las plantas y siendo siempre un agradecido de la vida que le debe a la Pachamama. “Hasta las piedras hay que respetar porque ellas nos sirven de testigos del paso por esta vida”, decía una abuela.


La chayada es muy practicada en las zonas rurales donde la agricultura y la ganadería constituyen la principal actividad económica. En el campo existe una relación más directa entre el hombre y la naturaleza: se chaya cuando se incorporan elementos nuevos para la labranza de la tierra: arados, palas, picos, semillas, etc.; así también cuando se incorporan elementos necesarios para el manejo del ganado: corrales, remedios, jeringas para vacunar, lazos y ensillados, etc.

También en las zonas urbanas, en los pueblos y aun en las grandes ciudades, se chayan automóviles, televisores, heladeras, computadoras, etc., con la alegría de incorporar nueva tecnología en el hogar y en el trabajo. “Para que dure”, “para que no se arruine” y “que sea en buena hora”, decimos. Nuestros padres nos recuerdan que la chayada nos ayuda a mantener el equilibrio con las fuerzas de la naturaleza.

La Pachamama y los cultivos

La actividad agrícola de los antiguos quebradeños se realizaba a través de ciclos de rotación de suelos y cultivos. Este sistema se utilizaba para no cansar la tierra. Aún tiene vigencia y es valorado por muchos. Para realizar esta práctica la familia siembra en la mitad de los rastrojos que posee, los restantes son cultivados al año siguiente o cuando han descansado lo suficiente.

Los ciclos de rotación tienen que ver con la calidad del suelo, el clima y los cultivos. La papa y el maíz –por ejemplo- requieren suelos ricos en nutrientes, por lo tanto las tierras destinadas a este tipo de cultivos necesitan de mayor tiempo de descanso. En los Valles se acostumbra echar el ganado en los rastrojos que están descansando, ya que el guano de los animales abona la tierra.

Decía una abuela de Hornaditas:
Todo tiene su tiempo... tiene su tiempo de sembrar, su tiempo de cosechar, su tiempo de nacer y de crecer... Hay que hacer descansar la tierra, ya no quiere dar, no quiere producir. Debe ser porque muchas veces despreciamos a la comida, muchas veces botamos la comida... O le hacemos sufrir de agua a las plantitas... Es que ahora no le dejamos descansar a la tierra, no la alimentamos, no le damos abono, no le pagamos como corresponde... No sé, será que ya los años están cambiados...” 

 
La Pachamama y los animales
En la Quebrada de Humahuaca muchas costumbres relacionadas con el manejo del ganado tienen que ver con honrar a la Pachamama y, desde antes de la conquista española se practicaban principalmente con la llama.

Al llegar a estas tierras, los españoles introdujeron vacas, ovejas, cabras, caballos, mulas y burros. Los ritos antes realizados con la llama pasaron a practicarse también con los animales incorporados.

Cuando se ruega a la Pachamama por una buena cosecha también se pide por el multiplico de los animales, es decir, el acrecentamiento y la reproducción de la tropa.

Los ruegos a la Madre Tierra se realizan a través de ceremonias especiales como la señalada y la marcada del ganado. El ruego por el multiplico es en definitiva el ruego por la continuidad de la vida, ya que ésta depende de la reproducción.

Muchas veces el agua no alcanza porque llueve poco, porque hay muchos regantes, porque hace mucho calor, etc. Esto perjudica a nuestros cultivos, rinden menos y a veces pueden llegar a perderse totalmente. Por ello tenemos que ser conscientes, usar bien el agua y respetar los turnos, de manera que todos podamos llegar a buen fin con nuestros cultivos. En el pueblo también nos quedamos a veces sin agua potable. Algunos días de verano, no sale ni una gotita. 


El ruego por la reproducción de la vida en las señaladas y marcadas
En la señalada se cortan de una forma determinada las orejas de las cabras, vacas, llamas y ovejas, mientras que en la marcada se coloca una identificación en el anca de vacas, caballos, mulas y burros. La marca y la señal pertenecen a los dueños del ganado. Algunas de las señales se llaman yugo, higuera, zarcillo, cajón, orejano, agujero, horqueta o tajo.

Por lo general, las señaladas y marcadas se acompañan con una gran fiesta en la que participa y colabora toda la comunidad. Es la fiesta del ganado y tiene lugar entre diciembre y febrero de cada año. Se aprovecha también esta ocasión para hacer un recuento de los animales, por eso en muchos lugares se los llama “ródeos”.
llamas

Con la señal y la marca los animales quedan identificados plenamente con el resto de la tropa y con sus dueños, pero estas ceremonias no sólo se celebran por esta razón: son acontecimientos especiales en donde los miembros de la comunidad reafirman lazos de parentesco, solidaridad, amistad y compadrazgo. También se celebra por la abundancia: es época de cosecha, hay suficiente pastura para los animales, hay suficiente agua, etcétera.


Existen señales que se conservan desde hace más de 150 años. Es decir, que se han transmitido de generación en generación manteniendo viva la memoria de los seres queridos, como los abuelos y tatarabuelos o de los parientes que se fueron lejos y que no regresaron más al campo. En la zona de la Quebrada es frecuente que esta herencia se realice por vía femenina -de abuelas a hijas y de estas a las nietas-. Es que en muchos casos las mujeres se ocupan del ganado, especialmente del llamado ganado menor.

Las ceremonias se realizan de acuerdo con la costumbre que posee cada familia. No hay reglamentos que se deban cumplir y ninguna opinión prima por encima de otras opiniones. Todos los actos cobran un enorme significado: se elige el día, se adivinan las condiciones del clima en las hojas de coca, se cuida de no decir palabras ásperas, se dejan de lado actitudes mezquinas, se busca crear un clima de armonía entre los participantes, etc. Las actitudes malas pueden repercutir negativamente en el ruego que se hace a la Pachamama por la suerte y el multiplico. Con la ayuda de Ramón vamos a contarte cómo se hace la marcada en Loma Larga.

Una vez elegido el día para hacer la marcada, mi familia se reúne para ayudar a la abuela a preparar la chicha de maíz. El tío Carlos ensilla el caballo para ir a invitar a los vecinos. Con anticipación la abuela les manda mensajes a los hijos que viven en el pueblo para que vengan.

En el medio del corral se coloca una bandera blanca que es señal de fiesta. Los animales y sus dueños se ponen de fiesta. Todos los vecinos de Loma Larga vienen para brindar por los dueños de casa y para rogar por la suerte y el multiplico de los animales.


Mi abuela concurre al corral con el quepi en donde lleva la marca, las flores, las lanas de colores, el sahumerio, la chuspa de coca, la chuspa para recibir los cortes de oreja y otras cositas más.

La marca está llena de flores. El quepi lo prepara en el rebozo más bonito que tiene y lo lleva ella porque es la dueña de los animales.

Toda la gente que llega se va incorporando al trabajo en un clima de fiesta: unos hachan leña, otros pircan el corral en los portillos, otros atajan los animales en la puerta -sobre todo aquellos que son más bravos-; otros hacen flores con lanas de colores, otros sirven la chicha y el yerbeau, otros echan los animales para que disparen, los más experimentados concurren a tirar el lazo para pialar los animales.

Cuando se voltea un animal, se lo coloca mirando al sol de mañana, se lo sujeta bien y los dueños de casa pagan al que lo volteó con un vaso de chicha. El dueño de la hacienda coloca la marca. Existe la creencia de que si el animal bala, es porque pide chicha, entonces acude una persona con el chuyerito a fin de convidarle chicha. Luego las mujeres le colocan flores de lana en las orejas, le ponen un poco de papel picado y talco, un poco de serpentina en las astas -si es que las tiene- y finalmente se lo suelta.

También se le corta la punta de la cola con la creencia de que se ahuyentarán los males o enfermedades contagiosas. A las vacas y toros que tienen astas muy puntudas, se los descorna para que no se lastimen entre ellos y para que no lastimen a las personas.

¡Cuidado! La abuela Fulgencia cuida todos los detalles... Por ejemplo el de no soplar el fuego con la boca porque sino “a la suerte se la lleva el viento” o “se escapa sola la suerte”.

Cuando se termina de marcar los animales se piala a los «illas» o guías del ganado -la vaca más lechera, la vaca más vieja, el hechor (reproductor) o los bueyes-, a los que se les ponen flores en las orejas y serpentina y vinchas en las astas.

Después de adornar a los «illas» se dan tres vueltas al corral para el lado derecho. Los participantes van tirando flores y chicha a los animales mientras cantan coplas de agradecimiento y de buenos augurios para los dueños de casa.
indígenas trabajando con telas

Como en muchas otras celebraciones o fiestas populares de nuestra zona, también se da lugar al juego y a la representación. En las señaladas suele enflorarse y marcarse con tinta a las personas presentes, quienes deberán balar para recibir como pago un vaso de chicha.

En las señaladas también se hace el casamiento de las ovejas y en “Todos Santos” se bautiza a las guaguas de pan.

En mi pago de Ocumazo, para el despacho de las almas se espera a los yungas y vitiches que llegan a vender yuyitos para el mal de amor, para curar enfermedades, para la tiricia, etc.

También se cantan coplas para los animales y se los echa –por la puerta del corral- para el lado del sol de mañana. Los presentes se arrodillan para rezar por la buena suerte y el multiplico. Sacándose el sombrero arrancan pastito y le tiran a los animales: se ruega a la Pachamama para que no les falte el pasto que es su alimento, para que no haya sequía, para que no se pierda la hacienda, para que no se despeñen, etc.

Niño canta 'Este es el nuevo remate sacadito de lao de Cañas ya hemos marquiado las vacas overitas y castañas - Señora sueña de casa yo ya habia siu su señal para el año como hoy diya la hacienda llene el corral.'

Cuando se termina el despacho de los animales todos concurren a la apacheta o pachamamero. Entonces el dueño de los animales enlaza el pachamamero, se abre el lazo y todos se colocan dentro, formando un círculo, para que “no se escape la suerte”.

En la apacheta, todos los presentes agregan una piedra más pidiendo la unión de toda la comunidad o de la familia. En un acto de profundo respeto, el dueño de casa retira unas piedras de un costado de la apacheta y abre un agujero en la tierra en donde se le ofrecen a la Pachamama los cortes de orejas, de astas y de colas. Las personas que desean rogar por el multiplico se acercan con un puñado de hormigas.

Las hormigas se traen en una lanita desde los hormigueros que hay por el campo. Las rojitas, bien malitas, las que salen por montones: ¡esas son las mejores para ayudarte a pedir por el multiplico!

Luego del ofrecimiento a la Pachamama se chaya con abundante chicha, hojas de coca y se tapa con tierra. Más tarde todos se dirigen a la casa del dueño de la hacienda donde se sirven comidas, bebidas, se cantan coplas y se baila hasta el otro día.

Cuidamos y honramos a la Pachamama
La relación entre hombre quebradeño y Pachamama se reafirma en todo momento: cuando se inicia la siembra, cuando se agradece por las cosechas, cuando se señalan y marcan los animales, en el despacho de las almitas, en “todos santos”, en carnaval, en las flechadas de una nueva vivienda, etc.

Estas costumbres son un claro ejemplo de que la Madre Tierra está presente y se incorpora a la vida cotidiana en los momentos más importantes. También cuando se produce alguna enfermedad y se recurre al curandero, que nosotros llamamos “médico particular”, este procede primero a chayar la Pacha en señal de agradecimiento. Pide luz y claridad para tratar las enfermedades, para adivinar la suerte o para hacer una “limpia”. Aunque en todos los momentos del año se venera a la Pachamama, es en el mes de agosto cuando esta relación tiene su punto máximo. Se dice que la Madre tierra está acomodándose para engendrar la vida, por eso es un “mes bravo” en que hay que homenajearla especialmente.

Fuente: Educ.Ar

domingo, 2 de abril de 2017

Simulacro - 1982


Pigüe. Abril de 1982. 09:30 am. 

Esa picazón que desde siempre provocó en mi piel el roce de la lana no me deja concentrar en las palabras de la maestra, que dictaba a viva voz y a una velocidad que nuestras manos de niños no le podían seguir el paso, esa voz que por lo agudo no se la podía dejar de escuchar aunque nos encontráramos en el planeta B612, lugar que ciertamente es solo accesible a la imaginación de los inocentes. 

La picazón se hacía cada vez más insoportable, y cierta vez, para tratar de darle fin a esos horribles pantalones grises de lanilla del uniforme, los quemé a propósito, acercándome demasiado a la salamandra de hierro de mi casa, esa que mi padre mantenía encendida todo el invierno, con leños de pino que él mismo cortaba a golpes de hacha, para que, junto al calor propio del hogar y de los abrazos cotidianos, el frío no se sintiera tanto.

La clase fue, de repente, interrumpida por el chirrido de una sirena, sonido que ya habíamos escuchado antes, y ante el cual reaccionábamos de manera casi instintiva, agachándonos y protegiendo la cabeza con nuestros brazos, ubicándonos debajo del pupitre de madera.

Debíamos permanecer callados y quietos en esa incómoda posición; en ese silencio que como niños podíamos palpar, ese silencio que a los adultos preocupaba y espantaba; ese silencio que los hacía cambiar la expresión de sus rostros, fruncían el ceño y una angustia atroz se adueñaba de ellos; quizás pensando, al vernos, en sus propios hijos, en su familia, quizás tratando de comprender ese presente, o el gris futuro inmediato que se percibía, en aquel entonces, en nuestra nación debido al capricho o a la necesidad de unos pocos de tratar de legitimar por medio de una guerra un poder que nunca les fue propio.

En mi preocupación de niño pensaba en mis primos, Javi, Marcelo y Luciana; con quienes compartíamos los juguetes, los remiendos y la vida; me preocupaba mi hermanita Vero, quien era capaz, en un momento, de darme mil pellizcos, pero al instante, con un millón de besos y abrazos, que aun siento, junto con su sonrisa y esa mirada cómplice, podía devolverme la alegría. 

- ¿Estará ella bien? ¿Sentirá miedo estando sola, allá en su aula de jardín de infantes? 

Intenté en varias ocasiones escabullirme de esa especie de encierro, sólo para ir a abrazarla, a protegerla, pero la maestra siempre me descubría en mi intento de fuga, y si el tono ordinal de su voz no lograba que volviera a mi pupitre con paso firme se acercaba hasta mí y tomándome del brazo, haciendo caranchito. Me llevaba hasta él.

Refunfuñando en voz baja y por mi parte, tratando de nunca dejar a la maestra con la última palabra, en aquellos silencios se me dibujaba en la memoria la figura de mi madre, que entre lágrimas y sollozos, decía, una y otra vez a mi padre:

- Ojalá que no te toque ir a la guerra... 

Guerra, guerra, guerra, palabra cuyo significado no entendía, ni entiendo, aun hoy, del todo, (¿acaso alguien la puede comprender?). Siempre se me antojó sinónimo de dolor, de pérdida, de muerte, de madres llorando a sus hijos, de mujeres perdiendo a su amor, de despedidas definitivas, de adiós sin regreso.

A lo que mi padre respondía en tono adusto y casi de molestia:

- Soy un soldado de la patria y es mí deber estar allí, con mis camaradas.


De repente, al repicar de la campana de la capilla del colegio, la maestra nos ordenaba que formáramos, como de costumbre, para salir al patio y esperar, allí, en un silencio compartido con todos los niños del mundo, que finalizara ese macabro ejercicio, con el cual, aunque a modo de juego (y ahora sabemos que los juegos son una preparación para la vida adulta), se nos enseñaba a lidiar con las consecuencias de un conflicto que parecía geográficamente lejano para la mayoría, pero que, sin embargo nos tocaba más de cerca de lo que podíamos, entonces y ahora, imaginar.

Hoy, lejos en tiempo y en distancia, pero cerca de los más profundos sentimientos, nos queda recordar todo el esfuerzo, el sacrificio, el valor, la entrega, hasta de la propia vida, demostrada por todos aquellos que de una u otra manera, estuvieron en esas frías latitudes, plantando actitud y bandera, y en particular dos güemenses que estuvieron allí y a quienes van dedicadas estas palabras, Arturo Barrionuevo y Rodolfo Borquez.



“Embarcaron siendo changos; regresaron convertidos en hombres, convertidos en héroes.”



Ariel Pablo Brito

lunes, 27 de febrero de 2017

Vivir sin miedo - Eduardo Galeano


“El miedo amenaza:

Si usted ama tendrá sida.
Si fuma tendrá cáncer.
Si respira tendrá contaminación.
Si bebe tendrá accidentes.
Si come tendrá colesterol.
Si habla tendrá desempleo.
Si camina tendrá violencia.
Si piensa tendrá angustia.
Si duda tendrá locura.
Si siente tendrá soledad...
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. 
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre,
tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar
y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar
y el lenguaje miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares,
los militares tienen miedo a la falta de armas,
las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre
y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones,
miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura,
al tiempo sin relojes,
al niño sin televisión,
miedo a la noche sin pastillas para dormir
y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud,
miedo a la soledad,
miedo a lo que fue
y a lo que puede ser,
miedo de morir,
miedo de vivir…”
                                                                               Eduardo Galeano


miércoles, 16 de noviembre de 2016

El árbol de sal - Leyenda Mocoví



Los mocovíes, indígenas del norte argentino, conocen un helecho llamado Iobec Mapic, al que muchos confunden con un árbol, por que tiene un gran porte y puede llegar a los 2 metros de altura.

Dice la leyenda que cuando Cotaá (Dios) creó el mundo hizo esta planta para que alimentara al hombre; la planta se expandió rápidamente y fue de gran utilidad para la humanidad que la consumía agradecidamente.

Neepec (el diablo), sintió envidia de ver lo útil que era esta planta y se propuso destruirlas a todas, de la forma en que fuese necesario y posible.

Se elevó por los aires y fue a las salinas más cercanas, llenó un gran cántaro con agua salada y los arrojó sobre las matas con la intención de quemarlas con el salitre.

Fue entonces que las raíces absorbieron el agua; la sal se mezcló con la savia y las hojas tomaron el mismo gusto.

Cotaá triunfó una vez más porque la planta no perdió su utilidad, ya que con ella sazonan las carnes de los animales salvajes y otros alimentos...

Fuente: www.folkloredelnorte.com.ar

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Gaucho 2.0

Gaucho 2.0


Apenas se esconde la última estrella, y casi antes de que asomen los primeros rayos del sol, don Dionisio Correa ya está despierto, sentado en la silla de madera con asiento de cuero; en la mesa, unos trozos de pan casero, amasado el día anterior, le sirven de desayuno. Con el porongo en una mano, mientras con la otra ceba, desde la pequeña pava toda cubierta de hollín, unos mates calentitos que, a esas horas de la madrugada, y debido al aire fresco y limpio, perfuman el ambiente con el aroma del poléo, de cedrón y de burrito. 

- Hasta luego – Saluda a su esposa, mientras ajusta la rastra a su cintura y coloca, detrás, el facón dentro de la vaina de cuero.

Parado bajo el alero de su rancho, oteando hacia el oeste, divisa el resplandor, entre los cerros, que marca el inicio de una nueva jornada. De un salto, y elevando su cadera, monta su tordillo y parte hacia su puesto, a ordeñar las vacas, a cuidar la hacienda, a alambrar el campo, a curar a los animales enfermos, y a hacer todas las tareas que un gaucho debe cumplir, ya sea en su propio campo o para algún patrón. 

Al paso de su caballo parece despertar el mundo alrededor, el guardamonte va separando, a medida que avanza, la noche del día. Un bufido del tordillo lo saca de su letargo, de esa especie de trance que le produce el rítmico caminar de la bestia, de ese sueño recurrente donde, transportado a otro tiempo, pero al mismo espacio, puede verse, changuito, junto a su padre, quien le enseña, una a una, todas sus habilidades, el secreto del pial, como manejar a los animales, como ser buena gente; esas cualidades que lo definirán, ya de adulto, como gaucho. 

- Buenos días don Dionisio. Lo saluda José Mamani, un gaucho joven, baqueano, valiente y gentil; al tiempo que su mano derecha levantaba su sombrero y su cabeza realizaba una especie de reverencia hacia esa persona que todos los hombres de campo de aquellos lugares consideraban como el más genuino de todos los gauchos.

- Buenos días José. – Respondió don Dionisio, devolviendo el gesto. – ¿Encontraste el torito negro que se te perdió?

- Lo encontré cerca del potrero de don Tejerina, tengo todo el alambrado bien y se las ingenia para escaparse, como si el propio mandinga le abriera la tranquera...

A lo lejos se escuchaba a las pavas del monte que iban bajando, a la cañada, a beber.

Si bien ambos se reconocían como gauchos, entre ellos, en sus costumbres, en su modo de ver la vida, como entre todas las personas, existían diferencias, pero las dejaban de lado y a la libre elección de cada cual.

Don Dionisio, un gaucho a la vieja usanza, vestía como tal todo el día, alpargatas de yute o botas de cuero según la época del año y el trabajo a realizar, bombacha de gaucho, rastra o faja en la cintura, camisa siempre de mangas largas, aunque arremangadas en la época estival, pañuelo al cuello y sombrero de cuero o de pana; y su infaltable facón. Hombre de pocas palabras, solo usaba las necesarias para cada ocasión.

José también viste todo el día como gaucho, aunque cuando permanece en la ciudad se arropa como un citadino más, utiliza las tecnologías más modernas, televisión, celular y redes sociales.

Pero más allá de esas diferencias solo superficiales, tanto uno como otro llevan dentro de sí la esencia campera, y los modos de pensar y de actuar que los identifican como gauchos. Ambos comparten algunas características especiales que resultan comunes tanto a los gauchos de antes como a los de ahora, los gauchos 2.0. 

La primera característica común tiene que ver con el vínculo con la naturaleza, y el respeto hacia la misma; lo que se transforma en una especie de simbiosis con su medio, porque el gaucho no siente a la naturaleza como propia sino que se reconoce parte de ese todo, de ese universo del que todos, y todas las cosas, formamos parte. Sabe interpretar los ruidos y señales que esta le brinda, conoce el comportamiento de los animales salvajes y hasta las estrellas y la luna.

Otra característica importante la constituye la relación única entre el gaucho y su cabalgadura, ya sea esta un mular o un caballo, o ambos; porque es este animal quien lo lleva y lo trae, quien le asiste en sus labores en el campo, quien le sirve de alerta y de compañía.

También caracteriza al gaucho las habilidades y destrezas que debe poseer para el manejo del ganado y el trabajo en el campo, y esto es quizás uno de los aspectos más importantes, puesto que desde su aparición como tal, hace ya varios siglos, el gaucho siempre estuvo ligado a las labores pecuarias, pialar, arriar, marcar, capar, carnear. Algunos tienen la habilidad extra de trabajar con cuero, asta y metal, fabricando lazos, guardamontes, monturas y todo los que ellos mismos necesitan para sus labores.

Pero, quizás, lo más importante para un gaucho tiene que ver con su actitud como tal, el sentimiento de compañerismo hacia sus pares y hacia el prójimo, el estar siempre dispuesto a colaborar, desinteresadamente ante la necesidad del otro, y sobre todo el valor hacia su propia libertad, a su libre determinación, porque el gaucho nunca es patrón, siempre es leal a sus iguales, siempre es justo y jamás olvida el favor recibido ni la buena voluntad que le es dada.

Siguieron cabalgando juntos un tiempo más. Contando sus vivencias e intercambiando sus conocimientos. Cabalgando por las sendas de nuestro monte, de nuestro norte, de nuestro país, uno al lado del otro, sintiendo mutuamente, que con ellos, nuestra tradición, nuestra cultura, nuestros gauchos están a salvo del olvido, la única fuerza que, quizás, y solo si no hay memoria, puede derrotar al tiempo.


Ariel Pablo Brito

jueves, 22 de septiembre de 2016

Equinoccio de primavera y el inicio de los rituales agrícolas andinos


El 21 de septiembre comienza el ‘Sataw lapaka’, que es la época de la siembra en los terrenos preparados; también es el Warmi Pacha o tiempo de la parcialidad femenina.

La llegada de la primavera el 21 de septiembre es celebrada usualmente con regalos y flores entre los enamorados, pero el hombre de los Andes, desde la época prehispánica con la capacidad de identificar los periodos del tiempo, realiza rituales por el equinoccio primaveral dedicados principalmente a la agricultura.

La fecha marca el llamado el Sataw Lapaka con ofrendas y rituales, también para el festejo de la Koya Raimi o fiesta de la reina, al coincidir algunas celebraciones de vírgenes en la región altiplánica. Septiembre, principalmente, es el mes por excelencia de la siembra y de la esquila de los animales.

El calendario andino está basado en los solsticios y los equinoccios; las civlizaciones prehispánicas dividieron el tiempo fundamentalmente por la actividad agrícola, identificaron los movimientos estelares, lo que les permitió reconocer temporadas de sequía y de lluvia.

Los rituales dedicados exclusivamente a la Pachamama (Madre Tierra) que se cumplieron en agosto terminan y según las leyendas la misma Pachamama ‘despierta’ de su descanso y está lista para ser nuevamente sembrada.

Los comunarios del altiplano inicialmente comienzan con las primeras siembras en los sitios altos con la papa, oca, quinua y cebada, que dependen básicamente de la lluvia, la que llegará en diciembre y que es importante para la agricultura.

Los antropólogos dicen que la cosmovisión andina divide el calendario en dos períodos: el Awtipacha, o tiempo seco, que se identifica con lo masculino, y el Jallupacha, tiempo de lluvias, que se identifica con la parcialidad femenina.

La dualidad y el equilibrio son elementos que sobresalen de la forma que tienen de concebir el ‘cosmos’ los pueblos de los Andes.

Ésta es la época de siembra en nuestro cotidiano vivir, que se relaciona con el pensar, sentir e incluso nuestro ‘no hacer’; es una siembra que también tendrá una cosecha, la que tendrá un resultado que dependerá según lo sembrado.


OFRENDAS

Reflexión. El periodo del sataw lapaka es reflexivo, por lo que implica tener claridad en lo que se va a decir, hacer, generar y por dónde caminar.

Esquila. En esta temporada se corta la fibra de lana de los camélidos y también del ganado ovino en una ceremonia ritual.

Siembra. Existe una serie de rituales que se cumplen en el área rural, al inicio de la siembra, que pueden ser dirigidos por las mujeres en la ceremonia.

‘Wiñay Pacha’ y la espera a los familiares
En la temporada del Sataw lapaka que comienza el 21 de septiembre, también se cumple una celebración especial llamada el Wiñay Pacha, cuando cada familia prepara un lugar para recibir a sus seres queridos que ya han partido hacia el Wiñay Marka o ciudad eterna. La celebración es conocida en las ciudades como la fiesta de Todos Santos.

El Warmi Pacha o tiempo de la parcialidad femenina durará hasta el 21 de marzo cuando se inicie el Chacha Pacha, la época del varón, de lo masculino, tiempo en que se deja descansar la tierra y es tiempo de mirar las estrellas, tiempo de reflexión, de introspección, para otra vez preparar la nueva tierra y volver a sembrar completando así el ciclo agrícola que se remonta desde la época prehispánica en la región de los Andes que incluye varios pueblos de Sudamérica.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El mito Wichi de la creación


Hubo un tiempo en que la tierra estaba arriba y el cielo abajo. Tanto era la suciedad que caía, que el cielo se quejó y pidió la inversión de los planos. Desde entonces el cielo está arriba y la tierra abajo. Entre ambos está el territorio de los vientos y las nubes. Bajo la superficie (ríos, lagunas, bañados, campos, bosques) están el bajo tierra y el bajo agua. Cada estrato tiene sus seres. Todo está rodeado por líquido y aire y a lo lejos está el fuego.

Hubo otro tiempo en que un gran árbol unía los diversos mundos. El de la copa, el de arriba, era el de la abundancia. Los hombres de la faz de la tierra iban allí a proveerse, subiendo y bajando por este árbol, vínculo de la vida. Mas un día no cumplieron con sus tradiciones solidarias, no entregaron lo mejor y más tierno a quienes no podían andar arriba-abajo, no dieron nada. Los ancianos se quejaron. Llegó el Gran Fuego y ardió todo. El joven Luna fue eclipsado por el jaguar celeste y sus trozos cayeron en tierra incendiándola. Algunos quedaron en el mundo de arriba cuando se quemó el Gran Arbol. Son los abuelos, Dapitchí, los antepasados (estrellas, constelaciones) que cazan por el sendero de los ñanduces (la Vía Láctea). Sólo unos pocos, honestos y respetuosos se salvaron metiéndose bajo la tierra, pero desde entonces todo hubo que conseguirlo aquí.

Los seres humanos varones pertenecen a la tierra, surgieron de ella por el agujero del escarabajo. Procreaban eyaculando juntos en un cántaro de calabaza. En una ocasión notaron que parte de lo que cazaban o pescaban les era robado. Dada la reiteración dejaron como observadores al ratón de campo y al loro, el primero no percibió nada y al segundo le ennegrecieron la lengua. Por fin, el Gavilán, Halcón o Carancho, avisó: extranos seres escapaban como arañas al cielo mientras iban tejiendo sus cuerdas de fibra vegetal. Con la ayuda de los picotazos de Carancho y una lluvia de flechas, algunos seres celestes cayeron incrustándosc en la tierra. Tatú o el Armadillo los sacó con sus uñas. Tenían dos bocas dentadas, una en medio dc la cara, la otra en medio del cuerpo, por ambas devoraban la comida robada. El Zorro pretendió efectuar una cópula, perdió su pene y le tuvo que ser reemplazado por un huesito. El frío hizo que se acercaran al fuego encendido por los hombres. Cuando abrieron las piernas al sentarse, Aguilucho les arrojó una piedra que hizo caer todos los dientes de la boca inferior menos una que resultó ser el clítoris pues se trataba de mujeres y desde entonces es que nacen niños y niñas, de hombres y mujeres. Lástima que algunas o son hermosas porque la mayoría de éstas escaparon al cielo. Como mujeres son de origen celeste, tienen parte de ese poder, los hombres detentan el poder terrenal.

Igual que en los mundos precedentes, todo comenzó a corromperse, se quebró el equilibrio y cuando el Arco iris se ofendió por el accionar no tradicional de las mujeres menstruantes, comenzó la inundación. La Gran Agua, ahogó todo y hubo de comenzarse un mundo nuevo. Fue Paloma quien picoteando una semilla hizo brotar un Algarrobo y a su parir recomenzó la naturaleza, los seres de la tierra. Sin embargo, la periódica corrupción de la humanidad les encadenó un nuevo cataclismo.

Hombres y mujeres habían comenzado a eliminar o devorar a sus hijos. Sol, sobrina de Luna, que es mujer vieja y gorda en verano, joven y delgada en invierno, se quedó quieta, se negó a seguir su camino. Durante la Gran Noche todo sc congeló y cubrió de hielo. Cuando ya había muerto todo lo contaminado, un muchacho, dotado de poder por su calidad humana soñó con el Día. Su canto acompañado con sonajas hizo que Sol volviera a salir y recomenzara la vida. Esta quinta humanidad es la de los “Toba”, “Pilagá”, “Mocobí”, pero también de los Europeos y otros pueblos. (*)

(*) Fuente: Orígenes, Argentina, de Miguel Biazzi y Guillermo Magrassi, ed. Corregidor, pp-43-44.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Payaso Lenroske - Alegría, sonrisas y libertad.


Buenas tardes, mi nombre es Santiago Brito, Cucho, tengo 35 años 4 hijos 5 perros y una gata, nací en un pueblito de Buenos Aires (Pigüé) y me crié en Salta La Linda hasta los 20. Actualmente vivo en la Reserva Hídrica Natural Municipal Los Manantiales, Río Ceballos, Córdoba, provincia a la que llegué (y ya nunca me fui) hace 15 abriles.



Llegué para bailar en el pogo más grande del mundo, más exactamente en agosto de 2001, último recital de Los Redondos, gracias a mi hermano, que me abrió junto a mi primo Pablo Adamo la puerta de la pensión de la Silvia, en la calle Vélez Sarsfield, en el barrio Güemes, de Córdoba Capital, ahí convivíamos los cuatro changos en la habitación, donde amablemente me recibieron y donde aprendí el valor que tiene una encomienda enviada desde el pago y más aún si en ella hay comidita casera…y que por las noches alguna milanga, en la heladera compartida, suele encontrar nuevo y noctámbulo expropiador de morfi.


Luego de terminado el recital decidí quedarme y para justificar la estadía vendía alarmas en los barrios más populares de Cba y me inscribí en la querida Universidad Nacional de Córdoba. en la carrera de Comunicación Social, carrera que nunca termine (al igual que teatro y geografía), siempre en la docta, más precisamente en el bosquecito fui convidado a realizar un viaje a la provincia de Catamarca, tanto me gusto el viaje que no volví por 4 meses, ahí conviví con los “hippies” viajeros y unos cuantos soñadores más, que me recibieron en la montaña llena de cardones santos y fogones estrellados, ahí aprendí a hacer, para sustentar el viaje, artesanías y malabares, herramientas con las que se me hizo urgente conocer los países hermanos, previo recorrido por algunas provincias de mi Argentina; entre estas dos herramientas me decidí por el mundo del circo, más precisamente el rol del payaso, he tomado varios talleres con distintas modalidades, desde clown hasta armado de rutinas y beatbox.

Una de las formas que me cautivo del payaso es la posibilidad de decir casi sin filtros lo que uno ve del momento socio cultural en el que se encuentra y habiendo hecho una recorrida interna previa. También otra de las formas de ser payaso requiere la capacidad de poder reírse de uno mismo, de llevar a niveles altos las características más resaltantes de nuestra persona.


Mi payaso, Lenroske, nace primero más como escritor urbano que como payaso, así firmaba mis escritos. El primer alter ego fue “Batato” con el que junto a otros dos colegas dimos vida a “Cortocirquito” con el que trabajamos por 3 años en San Francisco, Córdoba, luego me separo y ahí nace, en plena crisis el querido Lenroske, el nombre es por mi capacidad de enroscarme en pensamientos muy largos, a que siempre busco la otra parte, la que no se ve a simple vista.


He podido actuar y presentar mis rutinas de “malabares, humor, amor, equilibrios y desequilibrios” en distintos escenarios desde placita del barrio a una pista de circo en el anfiteatro en plena temporada de verano (y el cagaso es el mismo…).

Trabajo mucho en la calle, donde además de payaso, hay que ser RRHH., seguridad, sonidista, y gerente, ahí se debe estar más atento a lo que el lugar brinda como recursos, actualmente me encuentro preparando un nuevo show para el verano, ya que mi realidad es distinta a la de la época en que nació el querido Lenroske.


Espero poder pronto mostrar el show en la plaza Dávalos, de General Güemes, que tantos recuerdos hermosos tengo, en la plaza de centro o en cualquier lugar en que haya familias.



Trabajo generalmente “a la gorra” como se viene haciendo desde hace miles de años, (saltimbanquis, titiriteros y gitanos), prefiero esta modalidad puesto que ahí todos tienen la posibilidad de dar un valor y no un precio al show que acaban de ver, algunos lo hacen, otros salen corriendo y los niños, generalmente, ríen, y esa recompensa es la que motiva a un payaso a seguir, una vez más.


martes, 30 de agosto de 2016

Un adiós sin despedida - Ariel Pablo Brito

Un adiós sin despedida



            El viento helado de la puna salteña penetraba por cada rincón del viejo puesto, hecho de paredes de adobe con techo de paja y barro; dentro, a Juan Hilario Mamani le castañeaban los dientes a pesar de estar tapado hasta la nariz debajo del gastado quillango de vicuña, legado de Doña Sixta, quien lo crió, su mama. A sus pies, en el catre de madera de cardón y tientos; hecho un rollo, solo su pequeño perro le hacía compañía.
              Afuera, el cielo andino mostraba la vía láctea en todo su esplendor.
            Entre la vigilia y el sueño, Hilario sintió una tibia caricia sobre el costado de su cara, y una voz, que en ese estado no le parecía ajena, le susurró:

-          Ya...stoy ..., …jito… - Por el silbido del viento no pudo escuchar aquella frase.

El perro alzó la cabeza, y con las orejas levantadas, miraba alrededor buscando el origen de esas palabras. Hilario se sobresaltó, un escalofrió intenso le recorrió, de la cabeza hacia los pies, todo el cuerpo.  De un salto se sentó en su catre, con la tenue luz del candil intentaba ganarle a la oscuridad con la pequeña lumbre, confirmó que solo estaban él y su perro, sin embargo, parecía haber alguien más en aquel lugar.

Esa noche no pudo dormir, en su mente repetía una y otra vez aquel momento, tratando de entender aquellas palabras, aquella frase.

A la mañana siguiente, temprano, aun antes de que el sol se asomara entre los cerros, un impulso irrefrenable hizo que comenzara a prepararse para bajar desde su solitario puesto de pastoreo, herencia y vestigio de su estirpe; hacia la casa familiar que estaba a una jornada de distancia. Se calzó las ushutas de cuero, agarró el sombrero de paño negro de media ala y se abrigó con un poncho de lana, de fondo colorado con una franja negra vertical a cada costado.

Mientras realizaba las ultimas labores de su boca salían las estrofas de la canción que tanto le gustaba, La vasija de barro, de Atahualpa Yupanqui, a quien sin conocer sentía como hermano de gauchaje, ya que era hombre de montura, como él. Luego de ensillar la mula, aseguró la entrada al corral de piedras, la pirca que su familia construyó hace ya muchas generaciones, para guarecer a las tropas viajeras, cuando el comercio de mulas de Sumalao y de vacas hacia el Alto Perú estaba en auge. Aseguró la entrada para que sus cabras y ovejas no escaparan. Levantó la bolsa de vejiga de oveja donde guardaba sus hojas de coca, alivio del kolla y del gaucho, que retrasa el hambre y el cansancio; armó un acullico, puso charqui de cabrito en el morral. Montó e inició la travesía, seguido de cerca por el pequeño perro.

Bajando de aquellas soledades por las angostas sendas de montaña, desandando algunos tramos del Qhapaq Ñan, a lo lejos escuchó un silbido, largo y agudo; debajo, una manada de guanacos parecía marchar bajo las órdenes de algún pastor invisible;

-          Coquena cuida su tropa - pensó Hilario, mientras taloneaba a su mula que se resistía, más por la terquedad que las caracteriza que por temor, a descender por las empinadas cuestas.

Con media jornada recorrida, se detuvo en lo alto de un cerro, que dominaba un amplio valle solo poblado por cardones y pastos duros, y que se extendía hasta el horizonte y parecía hacerse uno, allá lejos, con el cielo; puso una piedra sobre la apacheta, el monolito donde cada viajero, según la costumbre, debía dejar una roca, comida, alcohol y hojas de coca para la Pachamama, dueña y señora de cada rincón, de cada animal, de cada cardón, de cada roca; madre ancestral que da la vida, la abundancia y la protección a los hombres de buen corazón.

      Así lo hizo Hilario, pidió la bendición y siguió su camino.
            
            Al caer la tarde, divisó a lo lejos el caserío de su niñez, vio el campanario de la capillita de piedras, el techo de chapas de la escuelita que, por lo riguroso del clima, solo funciona en verano, donde él mismo, hacía unos años, compartía su pupitre con otros changuitos del lugar, de todas las edades. Recordó a su maestra la Señorita Mercedes, a la que, en más de una ocasión, llamó mamá, quien además de las tareas docentes, les preparaba la comida, limpiaba el pequeño albergue, pero, sobre todo, les brindaba lo más valioso que ella tenía, su corazón.
            
           El humo salía por las chimeneas de las pocas casas, las primeras estrellas asomaban en el cielo; faltaba poco para llegar.

Debía decidir si tomaba un atajo atravesando el cementerio o lo rodeaba demorando el arribo un poco más. La prisa hizo que tomara valor, y acortara camino.     Entre las derruidas cruces, pudo distinguir una nueva, hecha de madera, sobre la que descansaba una corona de flores de papel, un ovalo de piedras blancas demarcaba lo reciente de ese entierro; desmontó de su mula, al acercarse pudo distinguir la inscripción que decía:

-          Sixta Condorí – 1919 – 2001 – Q.E.P.D. –
           
             El universo entero se detuvo, su vida, sus recuerdos, las palabras sin decir comenzaron a dar vueltas por su mente; el corazón latía con fuerza; aquel momento tenía lo estático de una fotografía. Sus ásperas manos dieron a aquella cruz la caricia más tierna y más suave que hayan dado. Una lágrima brotó de sus ojos negros y descendiendo por su cara curtida por el viento y el frío de la puna, fue a terminar en los labios, que acostumbrados al silencio y a la soledad; solo pronunciaban, a veces, unas pocas y justas palabras. A su lado su fiel compañero soltaba un largo aullido, de esos que erizan la piel.
            
            Entonces el viento, el viento siempre presente trajo a sus oídos la frase que había escuchado en las alturas, en sus montañas, en su humilde catre:


-Ya estoy bien m´hijito

Ariel Pablo Brito


Foto gentileza de TotySianca

sábado, 20 de agosto de 2016

La leyenda del cardenal

Los calchaquíes eran un conjunto étnico que vivió en los valles del noroeste argentino, en lo que ahora son lasprovincias de SaltaCatamarcaJujuy,Formosa y La Rioja. Esta cultura fue la más compleja del país gaucho, en su riqueza cultural se encuentran grandes leyendas y, una de las más importantes es la leyenda del cardenal.

El cardenal es un pájaro mediano, de plumaje tupido, con su pecho gris acero, abdomen blanco ceniciento y, garganta y cabeza rojo vivo; una línea blanca divide el rojo de la cabeza del gris del lomo. Sus alas son angostas y afiladas, y su cola es larga y cuadrada.

Es bastante rápido y sagaz. Su hermoso canto es similar a los sonidos emitidos por una flauta.

Cuentan que Mama Quilla (la Luna) le ordenó a su hija Chasca que instruyera y ayudara a los hombres a cultivar y aprovechar las hierbas como medicina para sus males.

Chasca arribó a la aldea del caritativo Punquillo, quien la acogió cariñosamente y como gratitud le dio como esposo a su hijo Ancali. Él le colaboró a Chasca a sanar enfermos y a sacar excelentes medicinas de las plantas de la zona.

Machi, el brujo de la tribu, vio con ojos desagradables las acciones de Chasca y Ancali, pues él había sido siempre el curandero del grupo. Colmado de sed de venganza, invocó a Zupay (Satanás) para conseguir envenenar a Punquillo, quien en poco tiempo cayó completamente moribundo debido a un misterioso mal que los conocimientos de Chasca no pudieron curar.

Cuando el cacique falleció, Machi afirmó que Chasca y Ancali habían originado la muerte de Punquillo para treparse al trono. La comunidad asombrada, le hizo caso al brujo, quien les dijo que los ataran a una elevada roca y los dejaran a su suerte. No obstante, antes, algunos guerreros les apuntaron con flechas.

Chasca, al observar que Ancali era flechada en el centro de su frente, juntó su cabeza a la de él y pronto la sangre del joven tiñó ambas cabezas. Mama Quilla, se apiadó de los prometidos y los transformó en pájaros cardenales.